La leyenda de Santa María de Cracovia

242
SHARE

Al nacer parece que nos marcan a fuego con la obligación de no dejar de superarnos cada día que amanece. Algunas sociedades trasfieren muchos esfuerzos a esa especie de cicatriz que tenemos grabada con el fuego del tiempo en nuestros cerebros.

En Cracovia tenemos un claro ejemplo de cómo el ansia de superación se puede volver contra uno mismo. Cuando nos metemos realmenteen el papel del lobo que se defiende por sobrevivir en la estepa de la vida, podemos llegar a perder nuestra naturaleza humana y creernos miembros de una manada.

La Basílica de Santa María, en la ciudad polaca de Cracovia, fue un templo levantado en el siglo XIII, obra de dos hermanos cuyos nombres quedaron en el olvido. Estos arquitectos ya habían creado magníficos edificios en varias ciudades europeas, por lo que los burgueses cracovianos los eligieron para construir la basílica.

De estilo gótico, en los bocetos y planos del templo se podían contemplar dos imponentes torreones que apuntarían al frío cielo de Polonia. Para agilizar la tarea, ambos hermanos acordaron que cada uno de ellos se encargaría de la construcción de una de las torres. Pero el instinto competitivo impregnó también dicho acuerdo. Apostaron por quién sería el más rápido en completar la obra.

Santa María de Cracovia amanecía cada mañana más alta que el día anterior. Los hermanos arquitectos se aplicaron con esmero en su trabajo día y noche. El hombre se volvía lobo y caminaba en círculos, atento, alrededor de la manada.
El hermano mayor, quizás por la edad, quizás por la experiencia, terminó antes su torre. En lo alto, como señal de victoria, colocó una corona dorada. El pequeño de los arquitectos aún tenía trabajo por delante, pero su hermano decidió invitarlo a beber vino para celebrar la resolución de la competición. El lobo ya empezaba a mostrar los colmillos y su aliento cálido derretía la nieve a su paso.

Entre copa y copa, los hermanos acabaron discutiendo, criticándose entre ellos e infravalorando sus obras. Al final llegó la tragedia. El hermano mayor agarró un cuchillo y apuñaló a su hermano en el corazón. El lobo había mordido en el cuello a su rival de la manada. El menor de los arquitectos murió en el acto y su hermano fratricida fue ejecutado. De este modo, la Basílica de Santa María se recorta en el skyline cracoviano con una torre más baja que la otra. La del hermano menor quedó a la mitad y se decidió no terminarla como forma de recordar lo ocurrido y que sirviera de ejemplo para que no volviese a pasar algo similar. Frente a la basílica, de uno de los pórticos de la Lonja de los Paños también cuelga el cuchillo con el que se cometió el crimen.

El ser humano olvida a veces que vivir no es un acto individualista. A pesar de que en la actualidad cada vez encontramos una sociedad más individual, la envidia, el odio, la venganza, la búsqueda egoísta de la superación, son tan antiguos o más que la propia Basílica de Santa María, la que llevara a la perdición a los dos hermanos. A veces nos olvidamos que competir nos conduce a quedarnos aislados de la manada y al final, como animales que somos, acabamos ensañando los dientes.